El juicio de la historia
Es fácil suponer desde el poder que la corrupción, el nepotismo, el enriquecimiento ilícito a costa del erario y la confabulación a favor de un puñado de intereses cómplices (en menoscabo de la paz y el bienestar de las mayorías desprotegidas de la población) podrán permanecer impunes al paso de los años. La posición ventajosa y privilegiada que brinda la función pública, la participación en garbos desayunos y en reuniones donairosas de toma de decisiones, la confianza que otorga el fuero y los sueldos abultados, entre otras cosas, puede sumergir al tonto en una espiral de ambición y autocomplacencia que termine por hacerle desdeñar una de las más poderosas verdades que existen en política: la historia no deja de juzgar a nadie. El juicio contra Genaro García Luna, otrora distinguido como el jefe policiaco más importante del país, dueño incontrovertible del monopolio de la violencia durante dos de los más sanguinarios sexenios de los que el pueblo de México tenga memoria, quien ah...